El superior buscará prevenir las infracciones antes que sancionarlas. Sólo debe recurrir al castigo como último medio para obtener la educación del subalterno, pero la benevolencia no debe conducir a la debilidad o a impedir la aplicación de sanciones severas, cuando éstas son necesarias por la naturaleza de la infracción.
Los superiores con atribuciones disciplinarias deberán aplicar las sanciones en forma gradual, buscando equilibrio entre la falta cometida y la sanción impuesta.